viernes, 19 de noviembre de 2010

20º (Los arrepentimientos se la comieron)

Me la encontré allí, encogida en la última esquina de la habitación. Estaba temblando. No le pregunté qué le pasaba porque ya lo sabia. Tenía los ojos inchados de tanto llorar y el rímmel se le había corrido hasta las mejillas, el pelo desordenado y rubio le caía por debajo de los hombros. Su piel estaba más pálida de lo habitual, casi translúcida, como si llevara allí encerrada años. Me acerqué despacio hasta ella y la miré a los ojos. Tenía la mirada perdida, su inexpresividad me dejó sin palabras. Entonces comprendí que no se iba a recuperar nunca, que ya no volvería a ser la misma... y allí la dejé, ahogándose en sus propias culpas, ahogándose con sus propias mentiras.