martes, 9 de junio de 2009

15º

Me gustaría hablarte de él, desde la abrumadora distancia que nos separa y desde la complicidad cotidiana que nos une. Como si este aire nocturno y fresco no me trajera su aroma, como si no dijera su nombre en cada verso, casi sin despegar los labios, como si no me acompañara siempre su voz, como si la ternura no estuviera siempre vestida con su ropa. Me gustaría decirte cómo le extraño y cómo cierro los ojos y disfruto (lo dice una canción), echándole de menos… Hoy termina abril, y media primavera se ha marchado. Las palabras que escribimos se me enredan en los ojos y en la piel, va llenando el cajón de los recuerdos y me tiembla en la boca la sonrisa. Quisiera contarte, cómo es cuando brilla su mirada y se refleja en los hilos de mi blusa, cuánto dice, cuánto calla. Y hasta, a veces, cuánto calla lo que quisiera decir y no se lo permite la imagen del espejo. Mayo se adormece, vuelan las preguntas, huyen las respuestas y sigue este sueño, dormido y despierto, revoloteando entre mis versos. Quisiera decirte cómo es cuando tiembla y dice mi nombre, con todas las letras, y suena a piropo, y sabe a café, y sonríe y brilla, sólo para mí, porque nadie sabe, porque nadie entiende este mundo nuestro hecho con besos de papel y miedos pequeños que se enredan en las piernas y sonrisas que quisieran ser abrazos. Quisiera contarte, desde esta ventana, a la que se asoma sin verme los ojos, cómo es primavera si él está a mi lado, cómo me descubro siguiendo sus pasos, cómo soy la cómplice de esta luz que alegra los días, los meses, los cajones, las palabras que nos regalamos, y escondemos, y rompemos… Quisiera decirte cómo es de bonito sentirme a su lado y escuchar su voz, cercana y amiga, saberme esperada, saberme querida, aún en la distancia de años y años sin saber que estaba, sin saber quien era… Mirar el reloj, escuchar atenta sus pasos serenos, mirar la sonrisa, retenerla acaso y detener el tiempo. Luego, recordarla en silencio, ya de madrugada, y convertirla en versos… Quisiera decirte cómo le echo de menos, cómo no se aparta de mi pensamiento y se queda quieto, enredado en mis párpados, en ese momento, de creer en las hadas, entre la vigilia y el sueño. Te podría hablar, si no fuera un secreto, de sus manos tibias que sólo rocé un momento, y de todo el miedo, como un muro de piedra que obliga al silencio. Pero la memoria no calla, recuerda, como yo recuerdo todas las palabras…, las leo y releo, temblando y sonriendo, tarareo canciones que, a través del tiempo, nos dibujan y dibujan este clandestino y sin embargo inocente sentimiento. Ese miedo que nos deja sin aliento, que nos calla y nos detiene, que nos aleja a veces, que nos une sin remedio, que nos persigue y nos muerde… Quisiera contarte cómo es ese miedo, pero se me escapa, porque él lo custodia, vigila y protege, no lo deja fuera, lo esconde, lo aleja…, y en un arrebato de luz en sus ojos, cuando nadie mira, yo leo en sus labios que me dice «guapa», y tiemblo, y sonrío, y digo su nombre, todo con mayúsculas, sin punto al final, sonando a «te quiero». Quisiera contarte, desde esta ventana, el olor a limpio de su cortesía cuando empuja puertas y paso delante, cuando, en un susurro, le siento mirarme, le dejo instalarse en un rincón antiguo que tiene mi alma y que sólo es mío, y que ahora es nuestro… Me veo en sus ojos como en un espejo, y no soy la misma que tú conocías, me siento tan niña, tan joven, tan embelesada, tan llena de vida… Quisiera decirte qué es esto y no puedo… Como en un susurro, tan cerca y tan lejos, escucho su voz…, «mi niña».

14º

Lloré hasta sentir las lágrimas secarse en mis dedos. Lloré hasta respirar hondo y darme cuenta de que ya nadie me hacía bien. Lloré hasta entender que estaba sola y desprotegida en este lugar. Lloré hasta perder la conciencia y sentirme completamente inútil. Lloré, porque comprendí que nada era capaz de hacerme sentir viva y, hasta a veces, poder arrancarme una sonrisa; nada podía ser tan sorprendente y real al mismo tiempo. Lloré porque sentí tu ausencia, esa que hasta hoy nunca había sentido, y por fin logré darme cuenta de que en realidad, aunque me cueste aceptarlo, no es culpa de nadie ni de nada lo que me sucede. Lloré, porque por primera vez en mi vida me sentí realmente sin apoyo, sin amigos, ni nadie a quien recurrir cuando la soledad corta mis palabras y ahoga mi respiración, gozando una dulce venganza de mis errores y tropiezos. Y fue así como me ví de nuevo en esta habitación tratando de recordarte, recogiendo los pedazos de tu boca, armando de a poco tu risa y sepultando otras voces, para poder entre ellas distinguir tus susurros; y sin querer entenderlo, cuando ninguna de las fichas encajaba, entendí que te había perdido y que además, había olvidado tantos sueños y tantos recuerdos felices. Lloré, porque sólo tenía viejos recuerdos, algunas imágenes borrosas de las que casi no distinguía tu lejana y triste mirada. Lloré hasta creerme feliz por un instante, hasta que sin motivos empecé a reír sin parar, sin llegar a entender completamente que estaba haciendo. Lloré hasta verte al lado mío, secando con tanto amor mis lágrimas, tratando de aliviar mí llanto. Lloré, porque de alguna manera me estaba resignando a seguir cada minuto y cada segundo sin tu compañía. Lloré porque creía sentirme fuerte y comprendí que tú me dabas esa fuerza capaz de hacerme sentir el aire rozar con mis labios; lloré porque nunca te diste cuenta de que todo lo que hacía era solamente por tí, porque nunca sentí que mi esfuerzo era suficiente para que te sintieras orgulloso de mí. Lloré, porque vivía cada día sin vivirlo, creyéndome feliz, convenciéndome de que todo lo que hacía estaba bien. Vivía sólo para entregarte miradas, mis energías, mi vida en un segundo y poder sonreír al saber que te quedarías sólo por mí. Y después de eso, volví a entender que cada cosa que hacía era inútil, que a nadie le importaba verdaderamente lo que hacía o dejaba de hacer. Y lloré, para descargar de una vez por todas, todo el dolor que me ocasionaba sentirme tan poca cosa, de pronto me había olvidado de cómo era sentirse orgullosa de una misma, lloré porque te extrañaba y no podía hacer nada para recuperarte. A pesar de mis intentos siempre hay algo que supera mis fuerzas y me derriba haciendo caer una y otra vez de la misma forma, en el mismo lugar, lastimando mi dignidad. Fue así, que al saber que te habías ido perdí todas las ganas de seguir; tal vez me acostumbre demasiado a tenerte cerca y a que me transmitieras cada día un poquito de tu filosofía, porque de cada día hacías una historia diferente. Antes de que llegaras no confiaba en nadie, ni siquiera en mí, y la verdad es que siempre supe que algún día te iba a perder, porque lo bueno nunca dura mucho (al menos para mí) y lloré como tantas otras veces, a escondidas, para no defraudarte. Lloré, porque te necesitaba más que nunca, más que siempre y la noche apenas comenzaba.

miércoles, 3 de junio de 2009

13º

Mantenía la cabeza bien alta, pero aún seguía observando los rastros de su propia tristeza. Se había marchado noviembre y con él, la posibilidad de volver atrás. Un nuevo mes que se había llevado consigo horas de trabajo, lágrimas, sueños, esperanzas pero nunca su recuerdo. Lo seguía sintiendo en el medio del pecho. Persiguiéndola día y noche. Acorralándola a cada hora. Acosándola con canciones, lugares y momentos que lo traían una y otra vez a sus sentimientos. Los días parecían semanas, las semanas meses, y los meses años. Sentía rechazo por las frases armadas que predicaban que el tiempo curaba todas las heridas. Para ella no existía cura. Sentía que lo había perdido todo y que su corazón se había desgarrado, convirtiéndolo en cenizas que se iban alejando con el viento de un nuevo invierno. Le regalaba las horas al tiempo, desperdiciándolas en encontrar un por qué y un cómo. No entendía como un amor tan grande, de un día para el otro se terminaría. Como esa historia, desaparecería. Esa noche volvió a ser como las últimas noches de su vida. Un café en la madrugada, un cigarrillo y la misma pregunta antes de decir hasta mañana ... ¿A dónde iban los sueños y las esperanzas cuando éstas ya no eran más compartidas? Se había quedado estancada en aquella primera noche, en aquellos primeros besos, de mucho tiempo atrás.

12º

Me cansé de mí, de mis pensamientos, me cansé de llorar para sentirme bien, me cansé de pensar que vendrán tiempos mejores, me canse de sonreír y decir Estoy bien. Me cansé de poner el mismo CD cada vez que pienso en tí, me cansé de tener que ser yo la que inicia la conversación, me cansé de preguntarte que te pasa, me cansé de tu indiferencia, de tu rechazo. Me cansé de caminar por las mismas calles; la misma gente; la misma rutina. Me cansé de mi ropa, de mis complejos, me cansé de llorar, de pensar, de sentir, me cansé de arruinar todo, de no iniciar nada. Sí, me canse de todo lo que me rodea, pero es cuando me canso de mí que empiezo todo de cero. Aprendí con el paso del tiempo a convivir con mi propio hartazgo, a remar contra mi rutina, a luchar contra mis miedos y a evitar los errores. Hoy puedo estar harta de mí misma, pero siempre te estaré observando. Porque aunque me canse de mí, aún no he encontrado la fórmula para cansarme de tí.

11º

Y ahi está. Tu móvil sonando.
UN MENSAJE RECIBIDO.
Y qué casualidad que es él.
ÉL TE HA MANDADO UN MENSAJE.
ACORDÁNDOSE DE TÍ.
PREOCUPÁNDOSE POR TÍ.
PREGUNTANDO POR TUS COSAS.
Y tú te olvidas de ese odio que sentias, y le respondes, y eres la persona mas feliz del mundo por esos pocos minutos. Y sabés por qué? Porque lo quieres. Porque no hay persona en el mundo que te haga sentir tan bien, hasta con un puto mensaje. Porque esa es la persona a la cuál quieres que se quede a tu lado por siempre. Porque darías todo por su sonrisa. Porque hiciste miles de cosas por llegar a estar con él. Porque te arrepentiste muchísimo de haber cometido aquel error que os hundió a los dos. Porque lloraste cada lágrima por su ausencia. Y porque eres esa cria ... Que lo quiere tanto, que lo perdonaría siempre. Cada cagada que cometa, por más que te rompa medio corazón y se lo lleve consigo, TÚ lo vas a seguir perdonando. Y todo por AMOR.

10º

Quiero que sepas que me alejé de muchas cosas, que tengo muchos problemas no resueltos, que no quise herirte con la frialdad que te traté, que por las noches casi nunca puedo dormir cuando estoy triste, que me gusta reír mucho, que me encanta hablar contigo, que hay días que soy muy felíz, que siempre exagero mis ilusiones, pero que cuando no lo son lo doy todo. Que tengo ganas de abrazarte, que me arrepiento de no haberme despedido de tí la ultima oportunidad que tuve para verte, que es verdad que lo quise , que es verdad que salí con él, que aunque escribía cosas de amor, era el amor que me faltaba, no el que tenía. Que lo que hago es porque siempre hago lo que siento.Que vas a pensar que es momentáneo, que vas a esperar que se me pase, que tal vez se me pase si no te tengo. Que esta es mi forma de decirte que lo siento, que no tengo nada que esconder. Que no vas a entender nada y yo tampoco lo entiendo. Que son las vueltas de la vida. Que aunque haya pasado tanto tiempo quiero estar. Y si quiero estar es porque te quiero.

Me sentí completamente feliz. Todo desvaneció, menos mi amor y mis ganas de verte. Como un chiquillo ilusionado, seguí y no me importó nada. Me interesó poco todo lo que podía pasar, pero no tuve tiempo de pensarte. Una brisa de verano, paso por mi mente y fue lo suficiente para no olvidarla. La quiero tanto, y me duele no poder decírselo. Me agobia el beso que jamás debiste darme.

martes, 2 de junio de 2009

Sí, definitivamente me gusta esta sensación, me gusta sentarme enfrente del mar y cerrar los ojos. Me gusta sentir el roce del viento en mis mejillas, me gusta el olor a salado que desprende. Me gusta venir aquí para pensar en tí, en nosotros...Sigo con los ojos cerrados, te veo a tí constantemente, las imágenes pasan por mi cabeza como diapositivas y no puedo dejar de sonreir porque a pesar de los malos momentos, siempre sobresalen los buenos. Cómo me gustaria que estuvieras aquí, sentado a mi lado, agarrándome la mano, cómo me gustaria decirte lo muchísimo que te quiero, cómo me gustaria que esto no acabase nunca..Pero no estás y por mucho que me engañe no vas a estar nunca, y eso es lo que más me jode.

Hay veces en las que quisiéramos echar a correr hasta el lugar más alto del mundo y desde allí gritar con todas nuestras fuerzas hasta quedarnos sin aliento, hasta que se nos desgarre la garganta y hasta que se maten entre ellas la impotencia y la rabia. Hay veces… que incluso nos gustaría saltar desde aquél lugar echando un pulso a la gravedad y hacernos creer que somos capaces de volar. Hay veces en las que te contaría cómo me siento sólo porque mi cuerpo es incapaz de cargar con tanto peso, pero luego lo pienso… -¿qué le importará a nadie lo que a mí me pase?- me muerdo el labio y me lo quedo dentro.

¿Por qué? ¿Por qué me haces esto? ¿Esque no entiendes lo que duele, hasta qué punto me haces daño? No, tu no entiendes lo que significa esa palabra. Te gusta confundirme, pero ¿por qué? ¿por qué lo haces? Solo quiero que me respondas, esque no ves que por mucho daño que me hagas yo voy a seguir queriéndote como una puta gilipollas?, que por mucho que quiera odiarte mi corazón necesita abrazarte? Esque no entiendes que te necesito? Que te necesito para respirar, que necesito a cada poro de tu piel para sentirme viva y que me muero si tus ojso dejan de ser mis ojos? No seas tan cobarde y admite de una puta vez lo que sientes, porque sé que sientes algo por mí, algo grande, pero eres un imbécil que preferiría morirse antes de aceptarlo, antes de admitir que soy la razón por la que te levantas todas las mañanas, pero también la razón por la que no te quieres despertar. No me hagas más daño joder, y no te lo hagas a tí, ¿por qué tienes esa manía de hacer difícil lo fácil? Nunca lograré entenderlo..

¿Sabes? A menudo me acuerdo de tí, me acuerdo de aquellos dias en el instituto, de las veces que nos encontrábamos por los pasillos, de aquellos cruces de miradas. Me acuerdo de tu mirada, esa mirada fija que me hacia perder la cabeza, me acuerdo de esos ojos que parecia que me hablaban, de todos esos roces que me hacían estremecer, de las pocas palabras que cruzamos... Han pasado cuatro años desde aquello y, a veces, cuando nos encontramos en la discoteca o en la puerta de cualquier bar, no puedo evitar sentir ese hormigueo por mi cuerpo, no puedo evitar cruzar mis ojos con los tuyos, no puedo evitar sentir esto que ni yo misma sé lo que es...tal vez sea que no logro olvidarte por mucho que pase el tiempo o quizá sea una obsesión, qué sé yo...

Recórreme el alma, bébete mi cuerpo, erízame la piel con tus besos, respírame al oído y folláme hasta que se agote el último gemido de mi corazón.

Soy alegría y soy tristeza. Soy verdades y soy mentiras. Soy lujuria y soy pasión. Soy la que ríe por todo y llora por nada. Soy intensidad. Soy fragilidad. Soy miradas. Soy sensaciones. Soy amaneceres y atardeceres. Soy Noviembre, dulce. Soy el día y la noche. Soy el agua y el aceite. Soy el cielo y la tierra. Soy brisa. Soy luz y también oscuridad. Soy melancolía y nostalgia. Soy locura. Soy mar y montaña. Soy vulnerable. Soy palabras, imágenes, letras... Soy lo que tú no quieres que sea.

lunes, 1 de junio de 2009

Le gusta estar sola, le gusta reflexionar sobre su vida y las personas que la rodean, le gusta la soledad hasta el punto en que el silencio se ha convertido en su mejor amigo. Siente que nadie la entiende, que a nadie le importa, se siente tan sola, tan minúscula, tan poca cosa...pero ha terminado acostumbrándose, ya ni siquiera llora, porque se le han gastado todas las lágrimas.